Homilía del Padre General OCD por los 80 años del Carmelo de Tánger 13-12-2014

            Excelencia reverendísima, reverendos Padres, queridas hermanas en el Carmelo, hermanos y hermanas en Cristo Jesús.

El Señor nos ha reunido esta tarde para alabarlo y bendecirlo, para cantar una vez más sus misericordias, como le gustaba hacer a nuestra Santa Madre Teresa de Jesús. Esta tarde, lo alabamos particularmente por el amor fiel con que ha acompañado a este Carmelo, inaugurado hace 80 años.

Recorriendo la historia de estos años, uno queda admirado al descubrir cuánta vida, de cuánta pasión y de cuánto sufrimiento están llenos. Es como cuando se le da la vuelta a un tapiz y se descubre que el motivo está diseñado gracias a muchos hilos entrecruzados y tantos nudos invisibles. Desde fuera se ve la belleza de los colores y las formas, pero cuánta arte, cuánta virtud, y cuánto tiempo requiere entretejer los elementos que lo componen!

Pienso que así ha sucedido también en este Carmelo, que a lo largo de los años de sus existencia ha visto entrecruzarse las historias de tantas personas de proveniencia diversa. Todavía hoy, esta pequeña comunidad de siete hermanas comprende seis nacionalidades diversas, cada una con su color, con su matiz, con su timbre de voz. pero todas unidas en el mismo deseo: el de ser-según   la Palabra de Jesús en el evangelio-una sola cosa "para que el mundo crea", para que este mundo pueda ver y creer que Dios nos ama a todos sin distinción, no porque seamos buenos, sino porque somos suyos, obra de sus Manos, don precioso que el Padre confía al Hijo, para que no se pierda.

Este Carmelo ha nacido de un deseo de paz verdadera y duradera. Fue-hoy podemos decirlo-una intuición profética, que hoy nos revela toda su fuerza y visión de futuro. No se trataba solo de paz entre dos países(España y Marruecos), sino de la paz y de la amistad entre dos culturas, entre dos religiones, entre dos mundos: el mundo cristiano y el mundo musulmán. Nunca como en estos últimos años estamos viviendo lo urgente y necesaria que es la paz y de vital importancia para la historia de la humanidad. Pero, ¿Cómo se construye una paz verdadera y duradera? Sobre todo, ¿Cómo puede una pobre comunidad, formada por mujeres débiles e insignificantes a los ojos del mundo contribuir a la construcción de esta paz, más que tantos hombres políticos, que tantas organizaciones internacionales? Las hermanas pueden explicarlo mucho mejor de lo que lo pueda hacer yo. Cuando el mundo cristiano y el mundo musulmán asumen el rostro de personas amigas que día a día han aprendido a estimarse y a amarse, la paz está asegurada, porque se han disuelto los espectros de la desconfianza, del miedo, de la rivalidad. Y en el encuentro cotidiano, en el Misterio de la Visitación -del que era devoto particularmente Charles de Foucauld- es donde se va construyendo la paz.

Es bella la definición que las hermanas han dado de esta presencia: "una presencia orante en medio de un pueblo orante". Es una descripción humilde y agradecida, que habla de reciprocidad, de un recíproco estimularse en la fe, en la atención a la presencia de Dios. Diría que el Carmelo tiene casi una predisposición genética a vivir con esta cercanía y reciprocidad con el mundo islámico. Los iconos bíblicos de nuestra vocación son la virgen María y el profeta Elías, los dos apreciados también por el Islam. Son los modelos de una escucha incesante y de una disponibilidad total de cara al Señor que revela su voluntad: Elías, cuya profecía sea funda experiencia de que "Dios vive y estoy en su Presencia" y María, la sierva del Señor, que dice: "Fiat, aquí estoy, se cumpla en mí tu palabra".

La carmelita y el carmelita tienen esta vocación fundamental: convertirse en ese espacio acogedor de la Palabra de Dios, de su voluntad y su Amor. Es una gracia, pero no una gracia a bajo precio. Los primeros carmelitas eran eremitas en el Monte Carmelo. Esta raíz eremítica ha permanecido en el carisma de Santa Teresa Y de San Juan de la Cruz, cuya fiesta celebraremos mañana. No se puede acoger el todo de Dios sin hacer la experiencia de la nada, la nada de sí mismo, la nada de mis pensamientos, de mis deseos, de mis ilusiones. No e s una nada que destruye o aniquila: es una nada que derriba muros y fronteras y abre al infinito, al horizonte último hacia el cual cada hombre se dirige.

Pienso que la experiencia que nuestras hermanas hacen aquí, en esta tierra, donde no tienen sino su fe y su vocación, contiene en sí la gracia del desierto: perdiendo todo, se llega a poseer la única cosa necesaria, la única que basta por sí sola. El que ha hecho la experiencia de Dios, musulmán o cristiano, o sea cual sea su religión, lo sabe: sólo hay una cosa que pueda satisfacer (llenar) el corazón del hombre, y es Dios. ¡Sólo Dios basta!

Padre Saverio Cannistrà, Prep. General OCD

Carmelo de Tánger 13 Diciembre 2014

80 años de presencia en la Tierra del Islam

 

Reseña por los 80 años escrita por las Carmelitas